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Actividad Fisica

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OTRA FORMA DE EJERCICIO


Cotidianamente, los expertos en calidad de vida enfatizan la importancia de la actividad física en todas las edades. Lejos quedó la imagen de las personas mayores sentadas en un sillón del living, en el banco de la plaza o en la reposera del balcón. Cada vez más, los mayores dan el ejemplo a los jóvenes cuando se los ve caminar por las calles calzados con un par de cómodas zapatillas, recorriendo los parques de la ciudad, nadando en los clubes de barrio, o circulando lentamente en bicicleta, en los barrios o las ciudades del interior. Estas actividades diversas parecen hacer eco del mensaje de los preparadores físicos, los médicos clínicos y hasta los líderes de opinión quienes sostienen que: “lo que no se usa se atrofia”.

Lo más novedoso es que progresivamente muchos científicos van abrazando la idea de que el ejercicio, particularmente en nuestros mayores, no debe limitarse a la movilización de los bíceps o los gemelos.

El cerebro, uno de los órganos más nobles de nuestro organismo, también debe ser sometido a la actividad cotidiana. Se trata de estimular las funciones que se designan como cognitivas, y que incluyen aspectos tales como el pensamiento, el aprendizaje, las vivencias de sentimientos varios e intensos, y la práctica de la memoria.

La práctica, del mismo modo que un programa de entrenamiento, permite que estas nobles y esenciales funciones para el ser humano se mantengan alertas, ágiles y alejadas de los trastornos que llevan finalmente al desarrollo de la demencia.

Ésta es la convicción de especialistas como el Dr. Joseph Verghese, del Albert Einstein College of Medicine (New York, EE.UU.), que sostienen que cuanto más se ejercitan las funciones cerebrales, incluso con actividades lúdicas como los crucigramas o los partidos de ajedrez, mejor va a ser el desempeño, a medida que los años avanzan.

Con este convencimiento, el experto estadounidense lideró un estudio que estableció que los ancianos que participan de un amplia variedad de actividades que requieren destreza mental, como ejecutar un instrumento, leer y jugar juegos de memoria, ven alejarse el riesgo de desarrollar demencia, en relación con aquellas personas de edades similares que adoptan una actitud pasiva, no sólo con sus músculos de la marcha.

Avanzando en sus conceptos, el Dr. Verghese sostiene que este tipo de prácticas debieran iniciarse desde temprana edad, en los primeros años de la niñez y mantenerse a lo largo de los diversos períodos del crecimiento ya que, como él mismo reconoce, se torna muy difícil que una persona que ha llegado a los 60 años sin ese tipo de hábitos los adquiera en ese momento.

No es raro que en academias de idiomas o de artes formen parte de la matrícula personas mayores, pero que atesoran una vasta experiencia en habilidades intelectuales, lectores consuetudinarios y personas que siempre se han planteado desafío y planificaciones.

Otros expertos agregan que a este tipo de hábitos deben sumarse, para obtener los mejores resultados, una buena alimentación (equilibrada y con una buena provisión de antioxidantes naturales), no fumar, la reducción de los factores de estos y disponer de un tiempo para el ocio, si es posible, creativo.

Es cierto que, como señala el Dr. Joseph Coyle, de la Harvard Medical School, que la base genética o individual es un factor importante que no debe dejarse de lado. De hecho profesores universitarios han desarrollado Alzheimer, mientras que otras personas parcialmente alfabetizadas, llegan a edades muy avanzadas con una claridad mental envidiable. Sin embargo, siempre existen medidas que podemos tomar para prevención de las enfermedades; incluyamos entre ellas a la enfermedad de Alzheimer y ejercitemos nuestro cerebro.

PHX/CCI/0057/16 Editora Médica Digital



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